Llega el fin de semana o el día de descanso y entonces nos sentimos bien por el “merecido” descanso.
Después de una semana de trabajo intensa y de sacarnos mucho el jugo (como decimos), llega el fin de semana o el día de descanso y entonces nos sentimos bien por el “merecido” descanso.
Por el contrario, si no trabajamos arduo y aún más si no trabajamos del todo, no nos sentimos igual de cómodos porque nos parece que no merecemos el descanso. Al menos es así para una buena mayoría de nosotros.
La sabiduría de las filosofías y medicinas ancestrales nos enseñan el camino de regreso al origen para poder sanar nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestras vidas.
Para ello nos ponen como ejemplo a la sabia Naturaleza y nos recomiendan la técnica de la observación, la contemplación, el poner atención a lo que la naturaleza nos está diciendo y copiarle, para que nos vaya bien en la vida.
A eso se le conoce como el Tao, o seguir el camino del Tao. Es decir, a la observancia de la naturaleza y a copiarle, a imitarle para lograr el anhelado bienestar.
En ese sentido, los animales hibernan en el invierno. Después de un ciclo de actividades que les tomó tres estaciones del año (primavera, verano y otoño), se disponen a tomarse un gran descanso en el que paran por completo, y se dedican literal a no hacer nada más que respirar y dormir. Pasados los meses del invierno, llega la primavera y todo en la naturaleza comienza a activar. Los animales saben cuándo salir de sus cuevas y las plantas saben cuándo comenzar a reverdecer con sus primeros retoños. Y lo hacen en gozo, nadie siente culpa por haber descansado ni por haberse ausentado de sus qué haceres. Tienen la energía necesaria para el nuevo ciclo porque la han producido en su descanso.
Cuando un bebé nace, todos le amamos, le damos, alimento y protección. El bebé no tiene que hacer nada para que todos a su alrededor le den amor.
Tú y yo somos hijos de la naturaleza, y como tal, nos conviene aprender a descansar y a hacerlo sin culpa, hayamos o no trabajado arduo, lo merezcamos o no.
Esto no tiene nada que ver con el valor del trabajo. Quiero que te des la oportunidad de verlo como dos aspectos distintos. Trabajar tiene un valor y demuestra un gran amor de nosotros los humanos por nosotros mismos, por la vida, por nuestros seres queridos, por nuestra comunidad. Además, para quienes creamos belleza a través de nuestro trabajo y lo hacemos con pasión, el trabajo nos es medicina, nos es motivación, nos es alegría.
Estos párrafos son una invitación a que observes tu conversación con el descanso. Si eres de los que sienten culpa si no trabajan arduo cada día, te invito a que te recuerdes que eres parte de la naturaleza, que por ende lo mereces todo: el amor, el descanso, mereces el sol, el viento, mereces el agua, mereces respeto, mereces alegría, mereces vivir plenamente tanto como cada pajarito de la naturaleza.
Cuando pasamos más tiempo en contacto con la naturaleza, de a poco volvemos a reconectar con este amor incondicional del que te hablo. Por el contrario, cuando vivimos en ciudades (especialmente las grandes), olvidamos qué somos y cuánto amor hay disponible para nosotros y comenzamos a actuar robóticamente siguiendo el ritmo del sistema que nos pone presión para hacer más, lograr más, ser más eficientes. Pero, ¿cuánta gente está enferma de prisa? ¿Cuánta gente no puede desconectarse ni callar la mente por unos minutos para descansar? Y ¿cuántos se perdieron en el intento de lograr más?
No es más dichoso el que más tiene ni el que más logra, sino aquel que puede Disfrutarlo (aún si tiene mucho menos).
Descansa te lo mereces
Nan Vivi